La Oficina Regional de la OMS para Europa ha publicado el primer estudio multinacional armonizado sobre experiencias adversas en la infancia (ACE) en jóvenes de 18 a 30 años de los 27 países de la Unión Europea, Islandia y Noruega. El resultado más llamativo —el 68,9% de los encuestados declaró al menos una ACE y el 22,8% cuatro o más— exige atención, pero también una lectura cuidadosa: este trabajo no pretende estimar la prevalencia nacional o europea ni permite atribuir causalidad.
Qué ha estudiado la OMS y por qué importa
El informe Adverse childhood experiences in the European Union, Iceland and Norway: characteristics, consequences and costs, publicado el 6 de octubre de 2026 por OMS/Europa, analiza una encuesta armonizada realizada entre noviembre de 2025 y enero de 2026 a 26.741 jóvenes de 18 a 30 años.
Se evaluaron nueve experiencias adversas ocurridas antes de los 18 años: abuso físico, emocional o sexual; negligencia física; consumo de sustancias o enfermedad mental en el hogar; encarcelamiento de un conviviente; separación o fallecimiento parental; y exposición a violencia doméstica. Para ello se utilizaron preguntas del Adverse Childhood Experiences International Questionnaire (ACE-IQ) de la OMS.
La relevancia para Pediatría de Atención Primaria es directa. Aunque los desenlaces se midieron en adultos jóvenes, las exposiciones se producen durante la infancia y muchas de las oportunidades de prevención, detección de riesgo, apoyo familiar y construcción de resiliencia aparecen precisamente en los primeros años de vida.
Un gradiente consistente: a más adversidad, peores resultados
En la muestra conjunta de los 29 países, el 68,9% declaró al menos una ACE y el 22,8% cuatro o más. Conviene insistir desde el principio: son porcentajes de la muestra encuestada, no estimaciones de prevalencia para España, Andalucía o el conjunto de Europa.
Lo más relevante del estudio no es tanto una cifra aislada como el gradiente observado. Conforme aumentaba el número de ACE referidas, empeoraban de forma progresiva los indicadores de salud mental, calidad de vida, situación educativa y laboral, ingresos, exposición a violencia y conexión social.
68,9%
declaró al menos una experiencia adversa en la infancia.
22,8%
declaró cuatro o más experiencias adversas.
26.741
jóvenes de 18–30 años participaron en los 29 países.
Salud mental: más necesidad y más necesidad no cubierta
Entre quienes no declararon ninguna ACE, el 36,7% consideró haber necesitado apoyo profesional de salud mental durante los 12 meses previos. La proporción ascendía al 76,3% entre quienes declararon cuatro o más ACE.
Además, entre quienes consideraban necesitar ayuda, la falta de respuesta también aumentaba con la exposición acumulada: el 39,8% del grupo con cuatro o más ACE no recibió el apoyo que consideraba necesario, frente al 27,3% entre quienes no declararon ACE.
Una carga que también aparece en calidad de vida
Utilizando el EQ-5D-5L para estimar calidad de vida relacionada con la salud, el informe calcula que los jóvenes con cuatro o más ACE presentaban, respecto a quienes no declararon ninguna, una pérdida adicional equivalente a 51 días de plena salud por año. Acumulada entre los 18 y los 30 años, esa diferencia equivale a 1,82 años de salud plena perdidos.
Es una forma útil de expresar la magnitud del problema, pero no debe confundirse con una predicción individual. Se trata de una estimación basada en diferencias medias de utilidad dentro de la muestra.
La resiliencia importa, pero el estudio la mide de forma muy concreta
Uno de los mensajes más relevantes para la práctica pediátrica es el papel de las relaciones adultas estables, atentas y de confianza. El informe encontró que, en todos los niveles de exposición a ACE, quienes recordaban mayor apoyo adulto durante la infancia referían menor necesidad de atención profesional de salud mental en la edad adulta joven.
Hay que matizar el término “resiliencia”. En este estudio se midió mediante solo tres preguntas relacionadas con cuidadores atentos y la disponibilidad de un adulto con quien hablar de problemas personales. No es, por tanto, una medición exhaustiva de todos los componentes de la resiliencia individual, familiar o comunitaria, ni demuestra por sí sola un efecto causal protector.
La lectura crítica: qué no permite concluir este informe
El propio documento es explícito sobre sus límites. La muestra procede de paneles de encuesta y no fue diseñada para estimar la prevalencia real de ACE en cada país. Algunos grupos con alta carga potencial de adversidad pueden estar infrarrepresentados por no participar habitualmente en este tipo de paneles.
Además, tanto las ACE como los desenlaces se basan en autoinforme y las exposiciones infantiles se recogieron retrospectivamente. Esto introduce posible sesgo de recuerdo y hace que el estudio sea adecuado para describir asociaciones, pero no para demostrar que una ACE concreta cause por sí sola un determinado resultado posterior.
El recuento acumulativo tiene otra limitación: cada ACE suma un punto con independencia de su edad de aparición, frecuencia, duración o gravedad. Dos personas con la misma puntuación pueden haber vivido experiencias muy distintas. El gradiente observado es informativo a nivel poblacional, pero el número de ACE no debería transformarse sin más en una “puntuación de riesgo” individual.
Una consecuencia práctica importante: el informe no justifica implantar un cribado indiscriminado de ACE mediante cuestionarios en toda consulta pediátrica. La propia OMS señala que los beneficios y posibles daños de preguntar rutinariamente por historias de trauma siguen siendo objeto de debate.
¿Qué nos llevamos a la consulta de Pediatría de Atención Primaria?
El informe sí refuerza un enfoque clínico y organizativo muy reconocible para Atención Primaria: mirar al niño en su contexto, apoyar a la familia y disponer de circuitos eficaces cuando aparecen señales de riesgo.
- Vigilancia del desarrollo y del contexto familiar. Las revisiones de salud ofrecen oportunidades para detectar cambios en el funcionamiento del niño, estrés familiar, violencia, negligencia, problemas de salud mental en cuidadores o dificultades sociales que pueden repercutir en su bienestar.
- Apoyo a la parentalidad. La OMS destaca los programas de parentalidad positiva, el apoyo temprano a cuidadores y, cuando están indicadas y bien estructuradas, las intervenciones domiciliarias.
- Relaciones protectoras. Favorecer la presencia de adultos estables y de confianza no es un añadido “psicosocial” menor: forma parte de los factores asociados a mejores resultados posteriores.
- Coordinación real. Salud mental, servicios sociales, educación y protección infantil deben funcionar como una red y no como compartimentos estancos. Detectar un problema sin disponer de un circuito de respuesta accesible deja intacto el riesgo.
- Atención informada por el trauma. Conocer que una historia de adversidad puede condicionar confianza, comunicación y uso de los servicios ayuda a adaptar la relación clínica evitando juicios, retraumatización o respuestas excesivamente punitivas.
Conclusión
Este estudio no permite decir que “dos de cada tres europeos” hayan sufrido una experiencia adversa en la infancia. Sí permite afirmar algo más útil: en una gran encuesta armonizada de adultos jóvenes de 29 países europeos, la acumulación de adversidad infantil mostró una asociación intensa y progresiva con peores resultados de salud y sociales.
Para Pediatría de Atención Primaria, el mensaje no es convertir las ACE en una nueva casilla que marcar. Es reforzar la prevención, la mirada familiar y social, la detección sensible de situaciones de riesgo, las relaciones protectoras y unos circuitos de apoyo capaces de responder cuando la adversidad ya está presente.
Referencias
- World Health Organization Regional Office for Europe. Adverse childhood experiences in the European Union, Iceland and Norway: characteristics, consequences and costs. Copenhagen: WHO Regional Office for Europe; 2026. Versión electrónica consultada con corrigendum incorporado el 9 de octubre de 2026.
- WHO Regional Office for Europe. Abuse, neglect, violence: 2 in 3 young Europeans surveyed have experienced childhood adversity. Nota de prensa, 6 de octubre de 2026.
Viñeta
Inspirada en la serie de Ibáñez «Increíble pero mentira», con todas las cosas que propone el documento andaluz y que se quedaron en el baúl.
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